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lunes, 25 de septiembre de 2017

¿Seremos capaces de hacer de la crisis en/con Cataluña una oportunidad de mejora para todos o preferimos sucumbir al morbo de dejar que los trenes choquen para ver quién pierde más?



Magnífica la entrevista de Jordi Évole a Puigdemont ayer en la sexta (como lo fue en su día la que hizo a Rajoy). Lamentable la urgencia de contraprogramación por parte de TV3 y los mensajes que circulaban por las redes sociales ayer en Cataluña haciendo una llamada desesperada para que, coincidiendo con el programa de la Sexta (Salvados), los catalanes optasen mejor por ver un programa especial sobre el referéndum de la cadena autonómica. Lógicamente la entrevista a Puigdemont ya estaba grabada con anterioridad y era consciente de que no había salido muy bien parado.

Debemos frenar cuanto antes la escalada de tensión y actuar con responsabilidad políticos y ciudadanos. Aunque por mi parte ya adelanto que haré responsables en un 99% de cualquier cosa negativa que pueda ocurrir a los miembros de los dos gobiernos que, cegados, echan leña a sus locomotoras pensando quizás que quién vaya más rápido saldrá mejor parado tras el choque… ¿Quién es tan iluso para no pensar que en un choque frontal a gran velocidad, por mucho que uno salga mejor que otro, todos van a salir perdiendo?. En este caso perderá Catluña, perderá España y también perderá Europa.

Pienso que los catalanes deben poder votar para decidir sobre su futuro. De la misma forma que no querría que mi pareja estuviese a mi lado porque exista un papel firmado o matrimonio que así lo establezca, sino que deseo que lo haga porque cada día que se despierte así lo sienta, ese es el reto de la convivencia en pareja, de esa misma forma creo que los pueblos deben permanecer unidos bajo un marco común elegido por ellos no porque ninguna ley o constitución le impida lo contrario, sino porque realmente así lo sientan sus ciudadanos, ese es para mí el reto de la convivencia en democracia. Lógicamente ya no hablamos de dos, y esto implica leyes que se deben cumplir y normas de convivencia, establecer cuáles son los porcentajes necesarios para tomar una u otra decisión, los plazos en los que esas decisiones deberían revisarse, etc. Mucho más complejo, sí, pero posible, con suficientes garantías y en mi opinión muy deseable. Para nada creo que el referéndum convocado en Cataluña ni los acontecimientos a los que asistimos en estos días vayan en esta dirección. Un referendum que no se va a celebrar y que posiblemente sea la excusa, tras la esperable respuesta del Estado para detenerlo, para una declaración unilateral de independencia. Tristemente no veo solución al conflicto desatado que no pase por que existan nuevos interlocutores tanto en el gobierno de España como en el de la Generalitat. Sería bueno que primero hubiese nuevas elecciones en Cataluña. Y en España también deberíamos votar pronto y sobre todo pedir a las fuerzas de la actual oposición, que representan a la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país que no están de acuerdo con que “desgobierne” como lo está haciendo el partido popular, que negocien y se entiendan. Si así lo hicieran, ni siquiera sería necesario volver a votar tan pronto para que Rajoy dejase de gobernar. Estoy totalmente de acuerdo en que debemos renovar con urgencia nuestra constitución, que hace tiempo que se nos viene haciendo pequeña en algunas cuestiones, no sólo para que en Cataluña se pueda convocar un referéndum legal, sino para que todos los españoles podamos tener otro buen puñado de años de progreso sin tener que cuestionarnos cada día lo esencial. Incluso si hiciera falta, aunque sé que para ello costaría mucho más encontrar consensos suficientes, yo estaría encantado que en este país pudiésemos debatir con altura de miras y sin prejuicios sobre la conveniencia o no de mantener la monarquía y de renovar una bandera que no acaba de favorecer el sentido de unidad como creo que sería deseable. Hay que condenar de una vez por todas el franquismo, recuperar la memoria histórica y dar carpetazo social a todo lo que fue la dictadura iniciando una nueva etapa en la que todas las heridas hayan quedado sanadas. Tenemos que hacerlo, hay que ser valientes, decididos y sobre todo no caer en la pereza y pensar que ya estamos bien como estamos…porque la realidad nos dice que no lo estamos. Como dicen los psicólogos, para cambiar lo que no nos gusta es necesario salir de la zona de confort. Tenemos ahora mayores motivos y una oportunidad para hacerlo. Empecemos por donde queramos, prioricemos o abordemos todo en su conjunto, pero necesitamos oxigenar nuestra democracia con urgencia.

Dicho esto, tengamos claro que todo debe hacerse con mucha responsabilidad, en los plazos necesarios, con acuerdos y consensos suficientes, con debates profundos y sosegados que nos permitan a los ciudadanos eludir la fácil manipulación a la que se nos somete a diario. También podríamos aprovechar este proceso previo de maduración y planificación de los cambios para configurar una imagen de futuro del país que queremos ser, porque está claro que actualmente nuestros partidos políticos no sólo difieren drásticamente en la forma de llegar, sino también en la imagen de país que se quiere, y eso dificulta mucho los acuerdos y despista a los ciudadanos. Cuanto más cerrado le dejemos este tema los ciudadanos a nuestros políticos, mejor. Y podemos hacerlo, y resultaría un proceso apasionante y motivador. En cierto modo en Cataluña es lo que han hecho con el "procés", aunque no tan de abajo hacia arriba como a mi entender sería deseable.

Esta manido lo que voy a decir, pero es totalmente cierto, toda crisis ha de verse en positivo y como una gran oportunidad. Esta que se está viviendo en/con Cataluña también. El conjunto de españoles podemos aprovechar ese desencadenante, esa enzima catalizadora para poner en marcha los procesos de renovación de nuestra sociedad y nuestras normas de convivencia que acabo de comentar, y que tanto se necesita para mejorar muchas cuestiones más que no tienen nada que ver con el encaje de Cataluña en España. No se trata de abrir la caja de pandora de la constitución por culpa de los catalanes y para solucionar un problema suyo, se trata de abrirla gracias, en buena parte, a los catalanes y para solucionar problemas de todos, visto así ¿no es verdad que gran parte de la fractura social generada se disipa al instante? Creo que también deberíamos aprender mucho unos de otros, y en este caso particular, muchos españoles no catalanes de los que sí lo son y viceversa, porque seguro que todos tenemos grandes cosas que mejorar. Por ejemplo, me gustaría, como español y andaluz en mi caso (aunque actualmente resido en Cataluña y mi pareja y mis hijos son catalanes), que aprendiésemos de la capacidad de los catalanes y su "procés" para generar ilusión y motivación por mejorar en la sociedad, por asumir con mayor interés la parte de responsabilidad de los ciudadanos en que las cosas cambien. Me gustaría que en Cataluña también se sintiese que en el resto de España hay muchas cosas de las que se puede aprender y que juntos ganamos todos (muchas veces he imaginado el potencial del ingenio andaluz unido a la capacidad de emprendimiento catalana). Los nacionalismos son egoístas (sea español, catalán o el que sea), es incompatible el nacionalismo con la solidaridad, por mucha campaña de estética para camuflarlo que se quiera hacer, sus principios entran en conflicto con derechos humanos...Si me preguntasen cuál sería mi bandera respondería que una en la que apareciesen el Sol y todos los planetas del sistema solar, destacando a la Tierra. De momento es donde vivimos todos los seres humanos y esa debería ser nuestra mayor patria. Saber cuidarla y aprender a convivir todos en ella ya es el mayor reto que tenemos por delante como humanidad. A partir de ahí, si cada territorio, llámese país, nación, región, municipio o pedanía, quiere tener su propia bandera, para identificar unos límites geográficos, una cultura, un idioma, una historia…me parece bien, yo no las necesitaría, pero tampoco veo inconveniente siempre que el rumbo de nuestras vidas, nuestras libertades y nuestros derechos no los marque ese trozo de tela o unos colores, sino que los marquen el sentido común, la solidaridad y la convivencia en democracia. Esto es para mí lo importante, el cómo organicemos todo eso administrativa, jurídica y políticamente me da igual si la máxima se cumple. Puede sonar utópico e ingenuo, pero creo que es el camino a seguir, el que personalmente intento y quiero recorrer y enseñar a recorrer a mis hijos. 


En el corto plazo pediría ahora una reflexión a todos, apaguemos las televisiones y apartemos la mirada y el oído de los medios de comunicación por unos minutos. Reseteemos nuestras conciencias, tiremos de nuestros principios y valores personales y a partir de ahí pensemos hacia dónde estamos yendo, las consecuencias que ello puede tener y si es realmente lo que mejor consideramos para nuestro bienestar en el futuro. A partir de ahí que cada cual actúe en consecuencia, pero al menos creo que deberíamos hacer un alto en esta espiral descontrolada. Ojalá esto también lo hicieran nuestros máximos responsables políticos apartando también de sus pensamientos sus intereses partidistas, personales y sus egos. De todas formas, si no lo hacen, podríamos ser los ciudadanos los que nuevamente les demos una lección de democracia y convivencia.

lunes, 5 de mayo de 2014

¿QUEDA HONRADEZ EN ESPAÑA?




Uno podría preguntarse, a la vista de todos los casos de corrupción política y empresarial que saltan encadenadamente y día tras día en los medios de comunicación, si existen personas honradas en este país capaces de ocupar puestos de cierta responsabilidad o poder. La respuesta es un rotundo sí.




Claro que han existido y existen personas muy capaces y dotadas para ello. El problema no radica en que no las haya, sino en que el sistema las excluye. Sencillamente son inútiles para un sistema que por sus estructuras básicas de funcionamiento favorece al corrupto, al ambicioso capaz de saltarse cualquier norma o regla para alcanzar más dinero y poder en el menor tiempo posible. Pues ese es el mundo que dispone el rodillo del capitalismo cuando pasa sobre los estados y territorios. Y la globalización ha favorecido la metástasis de ese capitalismo insaciable. El objetivo de este juego perverso y malévolo es el dinero y el poder, elementos claramente ligados e interdependientes. 


A quienes están en la cúspide de ese sistema (unos cuantos privilegiados amos reales del mundo) no les interesan las personas honradas ni inteligentes, pues pondrían en riesgo sus privilegios. Lo idóneo para ellos es utilizar a los menos cualificados y con menos escrúpulos, y por tanto más fácilmente manipulables. A estos, los arrastran hacia "el lado oscuro" otorgándoles pequeñas parcelas de poder y beneficios económicos con tal de que mantengan el propio funcionamiento del sistema corrupto. Y estos siervos con privilegios, que en un mundo de valores y honradez tendrían nulas posibilidades de triunfar y muy pocas de alcanzar tales privilegios, asumen el riesgo de que algunos acabarán siendo cabezas de turco que serán ofrecidos en sacrificio como justificación y método para mantener calmadas a las masas. 



En España no lo han podido hacer mejor, ya que además aquí ya había una casta de privilegiados que no tenían que modificar en gran medida sus métodos o estructuras vitales habituales, simplemente tenían que entrar en el juego global, trasladándolo a sus escalas de poder o ámbitos territoriales. No podemos decir que algunas personas honradas no acabasen sucumbiendo a las tentaciones y atravesando las fronteras de sus propios valores y ética, pero muchos no lo hicieron. Sencillamente lo que ocurrió es que esas personas honradas siguieron trabajando y actuando conforme a sus principios y valores, manteniendo su dignidad y honor, y llevando vidas humildes. Unos con más suerte que otros, o más formación y capacidades, pero dentro de unas escalas y diferencias entre sí normales y razonables. Eso sí, lógicamente sin destacar lo más mínimo y sin más oportunidades que esa vida de esclavos del sistema con ciertas comodidades que les mantenían dóciles. El propio sistema, cruel y agresivo, contribuía a que estas personas se encerrasen aún más en sus vidas sencillas, no sin frustración pero sin oponer resistencia, dejando el camino libre a los soldados del "Frente Capitalista Desalmado" (FCD).



De esta forma, el capitalismo se extendía durante nuestra democracia, llegando a cada escaño de cada concejalía del pueblo más pequeño y apartado. La globalización perversa que lo favorece, iba allanándole el terreno y lo que es peor, sin identificarse con ninguna opción política concreta. Se trataba de dinero y poder con la posibilidad de acuñarle las siglas que fuesen necesarias siempre y cuando al final se acabasen aceptando sus sencillas pero terroríficas reglas. De la misma forma, el FCD copaba los puestos en los consejos de administración de muchas grandes empresas, y por supuesto de las entidades financieras, otro elemento clave para su expansión y éxito.


 En este escenario, las personas honradas pasaron a ser meros supervivientes frustrados. Inadaptados mendigando las migajas que caían desde las altas esferas, donde se movían realmente los hilos de todo.


Hasta tal punto ha sido todo así, que el propio estallido de la crisis financiera o la burbuja inmobiliaria en el caso concreto de nuestro país, no ha constituido ningún problema para el sistema capitalista. Lejos de ello, es un simple mecanismo de corrección, y una oportunidad para apretar aún más las tuercas. El lector no tiene más que ver cuál va a ser el resultado final ahora que, según nos dicen, empezamos a ir saliendo de la crisis: Más dinero y poder concentrado en menos manos, la clase media prácticamente desmantelada y los pobres mucho más pobres. ¿Crisis? ¿Qué crisis? ¡Vivan las crisis como ésta!...dirán algunos.


Que nadie se lleve a engaño, corrupción, capitalismo y crisis son fichas del "Juego del Poder", con el que unos pocos se divierten y disputan cuotas de poder y dinero, mientras que otros, la mayoría, sufrimos las consecuencias. Creo que sólo una verdadera revolución de las personas honradas y con dignidad, que expulse a los súbditos privilegiados que utilizan como siervos los poderosos (sean dichos siervos políticos, empresarios, jueces o banqueros) y que cambie de sistema restableciendo valores y ética, podrá devolvernos un futuro de ilusión y de esperanza. Sin sus siervos repartidos por todos los territorios y estamentos sociales, los poderosos quedarán indefensos y la Justicia con mayúsculas podrá dictar sus sentencias. Por muchos casos de corrupción que afloren (que no dejan de ser la punta del iceberg), esto no nos llevará por sí solo a la solución. Máxime cuando de todo el elenco de corruptos que vamos conociendo sólo unos pocos acaban en la cárcel, y muy pocos cumplen condenas acordes al daño que realmente han hecho al país. Tampoco se conocen casos en el que los declarados culpables por la justicia hayan devuelto el dinero robado o despilfarrado. Por tanto, la solución definitiva pasa por deshacerse de la manzana podrida  con todos sus gusanos, o volveremos a tener en breve otra nueva generación de moscas revoloteando al olor del dinero fácil y el poder.


Apelo a una revolución de la gente honrada y con dignidad para que salvemos a este país a tiempo, o el final natural de este sistema pasará tarde o temprano por un colapso que llevará sin duda al desorden y la violencia, en definitiva, a perder todo aquello que creíamos recuperado y ganado (democracia, separación de poderes y estado del bienestar).

miércoles, 23 de abril de 2014

ESPAÑA, BORRÓN Y CUENTA NUEVA.



 ¿Realmente es utópico pensar que se le podría dar a España la vuelta como a un calcetín? ¿Qué hacer con un país en la cuerda floja y a punto de fragmentarse? Reflexionando sobre ello podemos extraer algunas conclusiones que quizás arrojen luz y esperanza.



Del sueño y el letargo de los años de vacas gordas, en los que tras celebrar un par de exposiciones universales, unas exitosas olimpiadas en Barcelona y construir miles de kilómetros de autovías y vías de AVE, cuando no aeropuertos prácticamente comarcales, con la guinda de la victoria en un mundial de futbol (esto ya en pleno estallido de la crisis),  hemos despertado de repente, sobresaltados y sin tiempo para remolonear entre las sábanas siquiera unos minutos. La sociedad española se ha encontrado repentinamente desmembrada y desarticulada. Por un lado por la impotencia y el coraje ante la corrupción generalizada, no sólo política, que se extendió como la metástasis de un cáncer durante los años de bonanza económica, conforme se veía superado el proceso de transición desde la dictadura. Por otro lado, por la frustración ante la falta de un proyecto de futuro para el país, generador de esperanzas e ilusiones. A este desolador panorama, la ciudadanía ha de añadir la falta de capacidad y coraje de la clase política que les gobierna para tomar las riendas de una nación a la deriva y los golpes que recibe desde un gobierno que sólo alcanza a tapar vías de agua a costa de acabar con la clase media y con buena parte de los derechos y libertades que habíamos conseguido tras muchos esfuerzos y sacrificios. Resulta lógico y previsible que actúen de esta manera tratándose de una generación de políticos ligados casi todos al período del declive y la destrucción de buena parte de los derechos y valores de la ciudadanía, que han salido de esa sociedad "de nuevos ricos", y  pertenecientes a los partidos existentes antes de la crisis, que se asemejaban ya en buena medida a manzanas podridas, como lo estaban también otras instituciones del país (llámense sindicatos, organizaciones empresariales, grandes empresas, cajas y bancos, etc.).

¿Qué hacer en este dantesco escenario, con los cimientos tambaleándose y el Estado a punto literalmente de resquebrajarse?. Pues desde luego nada de lo que están haciendo algunos de los principales partidos del país y sobre todo el que gobierna. 

 Imaginemos que pudiéramos hacer borrón y cuenta nueva. Y puestos a imaginar vamos a suponer que tuviésemos la posibilidad entre todos los españoles de crear un país totalmente nuevo que añadir al mundo. No pensemos en un principio que es el nuestro. Imaginemos de una forma neutra y hagamos el ejercicio cada uno de nosotros de liberarnos de todos nuestros prejuicios, de nuestras ideologías políticas o creencias religiosas. Llamémosle país X y decidamos sobre algunas cuestiones básicas. En primer lugar, qué régimen o estructura básica le daríamos. Personalmente, en mi ejercicio imaginativo particular, considero lo más razonable que fuese un régimen democrático. ¿Monarquía, república, autocracia...?. Me quedaría con la opción de constituir una república democrática parlamentaria como tienen la mayoría de países (Alemania, Italia, Portugal, Finlandia, Irlanda, Islandia, etc.). ¿Y qué modelo de Estado podría ser el más adecuado?. Vamos a suponer que el país que vamos a crear va a tener diferentes regiones con elementos identitarios diferenciados, como la posibilidad de tener incluso un idioma propio. En ese caso, a mi modo de ver, sería razonable ir a un modelo de estado federalista, como es el caso de Alemania, en el que se conjugan el actuar de forma unilateral bajo un gobierno de la nación, junto con un alto grado de autonomía para las diferentes regiones. Para ello sería necesario definir una constitución, que recogiese el marco de competencias del Estado Federal y de sus Regiones, así como de los derechos y deberes de todos sus ciudadanos.
El ejercicio no resulta tan complicado y creo que la mayoría de los ciudadanos, en el único uso de su razón (libres como he dicho de prejuicios, ideologías preconcebidas o creencias religiosas), llegarían posiblemente a las mismas conclusiones o muy parecidas a las que modestamente he llegado yo. 

En este punto, porqué no trasladar ahora todo ese razonamiento a nuestro propio país para aprovechar la crisis económica, institucional y la fractura social actual para renacer como un país renovado, moderno, preparado para un futuro estable y prometedor. En perfectas condiciones para dejar atrás definitivamente el lastre que supuso y ha seguido suponiendo hasta nuestros días la dictadura y sus 40 años de aislamiento. ¿Por qué no hacer ese borrón y cuenta nueva con nuestro país?. Sería una buena forma de elevar el grado de madurez de la sociedad española en su conjunto y de dejar desarticulado cualquier discurso político envenenado, que busque la división, la comparación, el individualismo y en definitiva su propia cuota de poder.
Si hiciésemos eso con España, dándole la vuelta como a un calcetín, lo lógico sería, en primer lugar, dar una salida consensuada y elegante a la monarquía, sin dejar de valorar el papel que ha desempeñado para nuestro país, especialmente durante los años más complicados de la transición. No habría lugar para el reproche, las actitudes vengativas o para la visión casposa de la vieja España. Borrón y cuenta nueva no significa que tengamos que borrar nuestra historia, pero si asimilarla desde un nivel de miras al que creo que debemos y podemos aspirar y que sería muy superior al de cualquier período de nuestro pasado. En segundo lugar, habría que reformar la constitución, modernizando radicalmente la que tenemos y adaptándola a los nuevos tiempos, pero buscando los mismos consensos que tuvo en su tiempo la actual. En tercer lugar, habría que cuestionarse la actual bandera constitucional. En este caso, para llegar a un consenso amplío y no hurgar en heridas del pasado, sería lógico no adoptar tampoco la ex-bandera republicana, aunque se opte por un estado republicano. Lo ideal sería elegir una nueva bandera, que no pertenezca a ninguno de los bandos del pasado, sino que pertenezca al futuro que tendríamos por delante como país cohesionado socialmente.

Y llegados a este punto, entre las cuestiones básicas nos faltaría el proyecto. Un proyecto de país realista, que partiese de la realidad actual, lamentable, pero la que tenemos, que estuviese cargado de futuro y que proyectase esperanzas e ilusiones entre la inmensa mayoría de los ciudadanos. Por tanto debería ser un proyecto también con un alto grado de consenso social, en el que las políticas a desarrollar sean una consecuencia del mismo y no al contrario, como ha venido ocurriendo, que cada partido político en función de sus cuotas o ansias de poder imponía sus políticas tratando de convencer luego a los ciudadanos de sus bondades. Un proyecto cuyos pilares básicos sean la educación, la sanidad, el medio ambiente, la innovación y la investigación, y el cumplimiento de los derechos constitucionales (vivienda, trabajo, justicia, etc.). Un proyecto, en definitiva, que seduzca al ciudadano independientemente de la región en la que resida y de la ideología que a priori suscriba, y que saque lo mejor de cada uno de nosotros, como los valores de la solidaridad y la cooperación, en lugar de la competitividad, el individualismo, la intolerancia y otros muchos elementos que han proliferado en el caldo putrefacto que se ha derramado por este país en los últimos años. Tendríamos que hacer todos el esfuerzo de dar menos protagonismo a la política con minúscula y sus líderes mediocres, y dar más protagonismo a la Política con mayúsculas y sus ciudadanos que la respaldan. Porque es fácil echar la culpa de todo a los políticos, pero tenemos que reconocer que los ciudadanos hemos vivido de espaldas a la política, y una buena mayoría en este país sólo nos hemos acordado de ella como una vía más para obtener el beneficio propio. Hemos asistido a la corrupción con una connivencia que nos ha acabado estallando en las manos. Pues bien, no miremos hacia nuestro lado para buscar culpables, no malgastemos más energías en eludir responsabilidades o acusar al prójimo. Repartamos la carga del pasado entre todos, por supuesto dejando que sea la justicia la que haga balances y ajuste las cuentas a quien se las deba ajustar. Confiemos y apoyemos más que nunca a esa justicia, démosle responsabilidad y confianza a nuestros jueces y fiscales, hagámosles partícipes de nuestras ilusiones de país y seguramente que ellos actuarán también firmes, guiados por su sentido común y con la ley en la mano. Sólo así, con confianza y responsabilidad despolitizaremos a la justicia. Hagamos un proyecto de país del que nadie quiera quedarse fuera, y tendremos resuelto el problema del independentismo, que hoy por hoy tiene una fuerte justificación, es una realidad social, y no gana fuerza precisamente por casualidad. Demos espacio a la creatividad y la sensibilidad. Es tremendamente entristecedor que en nuestro país actualmente ambas palabras parecen estar desterradas. Nunca, al menos en nuestra historia más reciente, hemos sido capaces de valorar la creatividad, de dar oportunidades a las nuevas ideas y propuestas. Eso no sólo anula nuestra propia identidad como seres humanos, sino que destruye toda posibilidad de progreso económico y del bienestar. Eso de "que inventen ellos" lo hemos tenido anclado en nuestra genética social hasta nuestros días a pesar de que lo hemos criticado múltiples veces. Y qué decir de las sensibilidades. Cuando es el dios dinero quien lo mueve absolutamente todo ¿qué espacio queda para la sensibilidad, que es la que realmente mueve y alimenta nuestros corazones y espíritus?. No somos robots, somos personas, no lo olvidemos, y todos agradecemos y crecemos humanamente con un halago, un paisaje bonito y evocador, o recibiendo o teniendo un gesto solidario con el vecino.

Por último, traten de mirarlo todo con perspectiva, desde fuera, y en nuestro tirar la casa por la ventana en imaginación, imaginen a lo que podría aspirar un país como ese que podría ser el nuestro, en un mundo en el que desgraciadamente el imperio del dinero y el lado oscuro de la globalización han destruido buena parte de los valores y virtudes de la humanidad, anulando la fuerza de nuestra conciencia colectiva. ¡Qué orgullosos estaríamos de ser sus ciudadanos!
Y ahora reflexionemos ¿es realmente esto una Utopía? ¿No creen que sería más fácil de lo que parece que se hiciese realidad? ¿no sería cuestión de empezar por creérnoslos nosotros mismos y asumir cada uno nuestra parte de responsabilidad y del trabajo? Creo que sólo nos falta la capacidad de liderazgo y empatía para que el proyecto soñado podamos hacerlo realidad entre todos. Busquemos a nuestro alrededor porque alguien capaz y valiente tiene que haber...

Tony Herrera