En su
artículo del 21 de junio en Diario Público, José Vicente Barcia da cuatro
motivos para votar a la coalición de Unidos Podemos. Yo añadiría o enfatizaría
sobre alguno. Me parece de extrema importancia que Unidos Podemos representa la
única esperanza para que el medio ambiente tenga cierto peso en la política,
gracias además a la presencia de EQUO en la coalición. Y esto no me parece
tremendamente positivo por defender utopías de naturalista ingenuo, sino por
caminar hacia el único futuro que nos es posible a tod@s (y digo caminar,
porque alcanzar las metas en un mundo global no va a depender sólo de nosotros,
lamentablemente). Otro motivo importante es el de la propia ilusión. La fuerza
de la ilusión de una mayoría de la ciudadanía puede hacer cambiar las cosas con
mucha más facilidad y rapidez (lo vivimos en el 82 con el partido socialista de
entonces). Porque nadie debe dudar que el motor de cambio no sólo puede
funcionar con la gasolina de nuestros políticos, sino que es imprescindible la
gasolina que aporte cada ciudadano entusiasmado, con una actitud proactiva y
constructiva. Creo que nadie duda tampoco a estas alturas que la política
necesita de una regeneración profunda y los ciudadanos necesitamos poder ilusionarnos con un
escenario futuro de país (a corto, medio y largo plazo). No encuentro que las
propuestas de ningún partido generen esa fuerza salvo Unidos Podemos. No digo
que otros partidos no generen cierta ilusión entre sus votantes, que de lo
contrario no les votarían, pero no creo que sea una ilusión tan vitalista y
transformadora, y en muchos casos, más que ilusión quizás generen sensación de
seguridad ante los muchos miedos aireados por sus propias fuerzas políticas...o quizás el miedo a perder una posición privilegiada. Y
lo lamentable en este caso es que la mayoría de esos miedos aireados carecen de una base
real o si se trata de riesgos, estos pueden afrontarse bajo diferentes prismas
ideológicos y de solución. En definitiva, no soy de los que han alentado en
otras ocasiones el voto hacia una u otra formación, mantengo mis ideas y las
confronto con las de los demás (desde una posición cómoda de libertad de opinión) y con las de los diferentes líderes políticos o
las de sus formaciones, y con eso mis ideas se afianzan o evolucionan. Pero en
este caso, siento que hay un proyecto ilusionante que abre una ventana de
posibilidades de futuro para este país muy esperanzadora y que merece la pena
atravesarla, pues no me cabe duda que serán muchos más los cambios a mejor que
los errores que se cometan. Si somos capaces de forzar como ciudadanos un
gobierno del cambio, eso significará que hemos cambiado positivamente en un
primer paso como sociedad, y eso ya es un valor en sí mismo y tendrá cierta
capacidad de diluir y reconducir errores que puedan cometer nuestros próximos
dirigentes. El paso de los años dirá si la nueva opción política que
representa Podemos y sus coaligados tiene largo o
corto recorrido, si acabarán como ese PSOE del 82 actualmente, descafeinado, dividido y con lastres de
corrupción a sus espaldas, o mantendrán más años sus capacidades y valores.
Pero no me cabe duda que el país necesita al menos esa primera oleada de cambio
imparable que limpie y desinfecte la política y las instituciones. La oportunidad se abre el
próximo día 26 y creo que no podemos permitirnos desperdiciarla. Un tren hacia un futuro
esperanzador y más sostenible está a punto de partir, ¿lo cogemos?
Desde esta modesta trinchera, en el bando de los indignados que luchan por la revolución de las conciencias en el frente de batalla contra el capital y el poder "desalmados", encontraréis una dosis de optimismo y esperanza, a veces un grito desesperado de dolor por las heridas, alguna denuncia, y en ocasiones alguna propuesta para desarmar al enemigo. Humildad, sinceridad, ingenuidad, humor, sensibilidad y sentido común pretenden ser los ingredientes.
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miércoles, 22 de junio de 2016
Motivos para ilusionarse y votar a UNIDOS PODEMOS.
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lunes, 5 de mayo de 2014
¿QUEDA HONRADEZ EN ESPAÑA?
Uno podría preguntarse, a la vista de todos los casos de corrupción política y empresarial que saltan encadenadamente y día tras día en los medios de comunicación, si existen personas honradas en este país capaces de ocupar puestos de cierta responsabilidad o poder. La respuesta es un rotundo sí.
Claro que han existido y existen personas muy capaces y
dotadas para ello. El problema no radica en que no las haya, sino en que el
sistema las excluye. Sencillamente son inútiles para un sistema que por sus
estructuras básicas de funcionamiento favorece al corrupto, al ambicioso capaz
de saltarse cualquier norma o regla para alcanzar más dinero y poder en el
menor tiempo posible. Pues ese es el mundo que dispone el rodillo del
capitalismo cuando pasa sobre los estados y territorios. Y la globalización ha
favorecido la metástasis de ese capitalismo insaciable. El objetivo de este
juego perverso y malévolo es el dinero y el poder, elementos claramente ligados
e interdependientes.
A quienes están en la cúspide de ese sistema (unos cuantos
privilegiados amos reales del mundo) no les interesan las personas honradas ni
inteligentes, pues pondrían en riesgo sus privilegios. Lo idóneo para ellos es
utilizar a los menos cualificados y con menos escrúpulos, y por tanto más
fácilmente manipulables. A estos, los arrastran hacia "el lado
oscuro" otorgándoles pequeñas parcelas de poder y beneficios económicos
con tal de que mantengan el propio funcionamiento del sistema corrupto. Y estos
siervos con privilegios, que en un mundo de valores y honradez tendrían nulas
posibilidades de triunfar y muy pocas de alcanzar tales privilegios, asumen el
riesgo de que algunos acabarán siendo cabezas de turco que serán ofrecidos en
sacrificio como justificación y método para mantener calmadas a las masas.
En España no lo han podido hacer mejor, ya que además aquí
ya había una casta de privilegiados que no tenían que modificar en gran medida
sus métodos o estructuras vitales habituales, simplemente tenían que entrar en
el juego global, trasladándolo a sus escalas de poder o ámbitos territoriales.
No podemos decir que algunas personas honradas no acabasen sucumbiendo a las
tentaciones y atravesando las fronteras de sus propios valores y ética, pero
muchos no lo hicieron. Sencillamente lo que ocurrió es que esas personas
honradas siguieron trabajando y actuando conforme a sus principios y valores,
manteniendo su dignidad y honor, y llevando vidas humildes. Unos con más suerte
que otros, o más formación y capacidades, pero dentro de unas escalas y
diferencias entre sí normales y razonables. Eso sí, lógicamente sin destacar lo
más mínimo y sin más oportunidades que esa vida de esclavos del sistema con
ciertas comodidades que les mantenían dóciles. El propio sistema, cruel y
agresivo, contribuía a que estas personas se encerrasen aún más en sus vidas sencillas,
no sin frustración pero sin oponer resistencia, dejando el camino libre a los
soldados del "Frente Capitalista Desalmado" (FCD).
De esta forma, el capitalismo se extendía durante nuestra
democracia, llegando a cada escaño de cada concejalía del pueblo más pequeño y apartado.
La globalización perversa que lo favorece, iba allanándole el terreno y lo que
es peor, sin identificarse con ninguna opción política concreta. Se trataba de
dinero y poder con la posibilidad de acuñarle las siglas que fuesen necesarias
siempre y cuando al final se acabasen aceptando sus sencillas pero terroríficas
reglas. De la misma forma, el FCD copaba los puestos en los consejos de
administración de muchas grandes empresas, y por supuesto de las entidades
financieras, otro elemento clave para su expansión y éxito.
En este escenario, las personas honradas pasaron a ser meros
supervivientes frustrados. Inadaptados mendigando las migajas que caían desde las altas
esferas, donde se movían realmente los hilos de todo.
Hasta tal punto ha sido todo así, que el propio estallido de
la crisis financiera o la burbuja inmobiliaria en el caso concreto de nuestro
país, no ha constituido ningún problema para el sistema capitalista. Lejos de
ello, es un simple mecanismo de corrección, y una oportunidad para apretar aún
más las tuercas. El lector no tiene más que ver cuál va a ser el resultado
final ahora que, según nos dicen, empezamos a ir saliendo de la crisis: Más
dinero y poder concentrado en menos manos, la clase media prácticamente
desmantelada y los pobres mucho más pobres. ¿Crisis? ¿Qué crisis? ¡Vivan las
crisis como ésta!...dirán algunos.
Que nadie se lleve a engaño, corrupción, capitalismo y crisis
son fichas del "Juego del Poder", con el que unos pocos se divierten
y disputan cuotas de poder y dinero, mientras que otros, la mayoría, sufrimos
las consecuencias. Creo que sólo una verdadera revolución de las personas
honradas y con dignidad, que expulse a los súbditos privilegiados que
utilizan como siervos los poderosos (sean dichos siervos políticos, empresarios,
jueces o banqueros) y que cambie de sistema restableciendo valores y ética, podrá
devolvernos un futuro de ilusión y de esperanza. Sin sus siervos repartidos por
todos los territorios y estamentos sociales, los poderosos quedarán indefensos
y la Justicia con mayúsculas podrá dictar sus sentencias. Por muchos casos de
corrupción que afloren (que no dejan de ser la punta del iceberg), esto no nos
llevará por sí solo a la solución. Máxime cuando de todo el elenco de corruptos
que vamos conociendo sólo unos pocos acaban en la cárcel, y muy pocos cumplen
condenas acordes al daño que realmente han hecho al país. Tampoco se conocen
casos en el que los declarados culpables por la justicia hayan devuelto el
dinero robado o despilfarrado. Por tanto, la solución definitiva pasa por
deshacerse de la manzana podrida con
todos sus gusanos, o volveremos a tener en breve otra nueva generación de
moscas revoloteando al olor del dinero fácil y el poder.
Apelo a una revolución
de la gente honrada y con dignidad para que salvemos a este país a tiempo, o el
final natural de este sistema pasará tarde o temprano por un colapso que
llevará sin duda al desorden y la violencia, en definitiva, a perder todo
aquello que creíamos recuperado y ganado (democracia, separación de poderes y
estado del bienestar).
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miércoles, 29 de enero de 2014
LOS BROTES VERDES DE LA CRISIS ESTÁN EN LA MOVILIZACIÓN SOCIAL Y LA JUSTICIA
La esperanza y el entusiasmo que no sabe transmitir el gobierno, la generan los propios ciudadanos por su cuenta o de la mano de la Justicia.
Buena parte de las aspiraciones de los ciudadanos de este
país para pasar página y que se borre cuanto antes la lacra que han dejado
tantos años de despilfarro y corrupción, pasan por los estamentos del poder
judicial. Hacia él se vuelven nuestras miradas cada vez que se van destapando
los abusos y desfalcos de las arcas públicas de los últimos años. Y nos tiembla
todo cuando aparecen grietas en la justicia, no poco significativas, como el
hecho de que jueces como Garzón o Silva hayan sido apartados de su ejercicio
profesional de forma descarada por quienes han visto peligrar sus intereses. También
cuando se producen otros hechos que podrían calificarse como más aberrantes, al
menos desde el punto de vista del ciudadano de la calle, que ve como al final
casi todo el dinero robado no vuelve a las arcas públicas y como los
sinvergüenzas y estafadores utilizan los múltiples vericuetos de las leyes para
salvarse, minimizar sus penas, e incluso para ser indultados. Sobre los jueces
y fiscales de este país cae en nuestros días una enorme responsabilidad que
tendrán que gestionar con el simple ejercicio de su honradez y profesionalidad.
Algo que el pueblo necesita, les está demandando y sobre lo que se depositan
buena parte de nuestras esperanzas de futuro.
Recientemente hemos conocido el anuncio por parte del
Tribunal Superior de Justicia de Madrid del rechazo al recurso presentado por
el gobierno de la Comunidad Autónoma sobre la paralización del proceso de
privatización de seis hospitales madrileños. Unos pocos días antes (en este
caso sin intervención de la Justicia) fueron los vecinos de Gamonal los que
tumbaron los planes de obras para el barrio que pretendía ejecutar su propio
ayuntamiento. Y así se van sumando victorias en algunas batallas, que son las
que realmente dan ánimos y esperanzas a la población. Los humanos, como seres
sociales que somos por nuestra propia evolución como especie, tenemos facilidad
para sentir especial emoción y bienestar de las conquistas llevadas a cabo en
grupo. Y esas sensaciones que experimentamos tienen un efecto multiplicador muy
importante, pues generan sinergias, ya que tocan nuestra esencia: las emociones1
. Desde el punto de vista sociológico, estas conquistas además suponen la
demostración de que la movilización social es útil y que a través de la misma
podemos cambiar nuestra realidad, y por tanto tomar el control sobre el rumbo
de nuestro futuro.
Hay que reconocer, por otro lado, que nuestros políticos son
una muestra representativa de nuestra sociedad, y que la corrupción no les ha
sido exclusiva, pues el cáncer de la corruptela había hecho metástasis en
nuestro país. Quizás por ello, la única solución podía llegar también desde el
pueblo, desde ese despertar de las conciencias que, dicho sea de paso, ha
necesitado de la bofetada de la crisis. Pero por fin es una realidad que la
población está despertando, tomando conciencia de su situación real y de todo
aquello que ha perdido o está perdiendo desde el estallido de la crisis, y
finalmente está actuando. Y cuando hablo de población me refiero a todas y
todos, parados, jubilados, médicos, jueces, autónomos, amas y amos de casa,
jardineros, jornaleros, artistas, etc. , incluso políticos...que como
ciudadanos que también son, llegan a
vislumbrar los errores del pasado, los suyos propios y los de sus partidos. ¿Seguimos
teniendo corrupción a todos los niveles?, sí, y seguramente nunca desaparecerá
del todo. ¿Seguimos teniendo políticos y masa social que aún pretende aplicar
las recetas del pasado para salir de esta crisis en la que nos sumió
precisamente la aplicación indiscriminada de esas recetas?, también, pero van
perdiendo fuerzas y mayorías. En contraposición, vemos que se incrementan las voces
que piden un cambio de modelo social, político y económico. Un modelo que
implica, además de recuperar y potenciar derechos perdidos o denigrados durante
esta crisis, más participación y más conciencia ambiental. En definitiva, un
modelo basado en una democracia más real y adaptada a los tiempos y tecnologías
de las que disponemos actualmente. Surge entonces la urgencia de actuar, la
imperiosa necesidad de revertir cuanto antes la deriva en la que hemos estado
sumidos los últimos años. En este sentido, un buen nivel educativo, además de ser
una vieja asignatura pendiente en nuestro país, se echa especialmente de menos
cuando hace falta que un número mayor de ciudadanos tome conciencia y
contribuya a ese cambio de modelo. Ante la premura, comprobamos que la mejor forma de ganar tiempo es que la lucha
ciudadana se convierta a la vez en acción ejemplarizante y educadora. Aquellos
corpúsculos que surgen, se movilizan y consiguen ganar batallas sociales,
constituyen el ejemplo a seguir para el resto, y de esta manera se va construyendo
sociedad y construyendo un renovado país.
Sea por cuenta propia de los ciudadanos o con el poder
judicial como aliado, lo cierto es que los únicos brotes verdes esperanzadores que
se empiezan a vislumbrar con claridad en el desolador paisaje de la crisis, son
los que aporta el pueblo. De esa población cada vez más despierta y
concienciada, capaz de reivindicar sus derechos y asumir sus responsabilidades,
han de salir, como ya está ocurriendo, los nuevos políticos y gobernantes que
gestionen nuestro futuro.
1 Desde las emociones, las energías que
puede generar un colectivo tienen una fuerza habitualmente infravalorada por
quienes están habituados a desarrollar sus actividades cotidianas en ambientes
más fríos y controlados. El peligro, cuando entran en juego las emociones colectivas
en un ambiente de indignación, es la mayor complejidad y nuestra falta de
entrenamiento y práctica para su control.
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